Colección: ANRTPI

Mi nombre es André, aunque preferí firmar mis obras como anrtpi y mi nombre completo sea André Alexander Torres Piña. Nací el 24 de octubre de 1990 en Mérida de Yucatán. Me titulé como arquitecto en el 2015 en la universidad modelo de Mérida y desde entonces vivo de eso, aunque también soy guitarrista y compositor de “The midnight wind” una banda de rock. A veces soy pintor, y no fue hasta unos años después que decidí ser pintor de verdad. Ahora vivo en ciudad de México. Lejos, estaba yo de imaginar que me quedaría desde entonces. Más recientemente he trabajado más como arquitecto y diseñado un número de edificios que es difícil de contar con los dedos, y en “Especies de espacios” una obra de veinte relatos que pretenden acabar con la arquitectura, cosa que suena increíblemente ridículo. Mi pintura no está lejos de ser eso: parece ser todo un disparate, y a pesar de mi reclusión voluntaria a causa de todo lo que me disgusta, mi antes silenciosa lengua se volvió voluble, con la gracia fácil de un desvergonzado, que en cuanto descubre el entendimiento de una mente lejana, me aclara como señal evocadora de una conjetura edificante que parece cosa de otro mundo, mi entendimiento hacia las cosas que me rodean, y cuya resonancia queda guardada en la memoria de mi oído, me hace continuar haciendo arte. Por lo que mi obra está colmada de secretos, reina el silencio, tan ignorante de toda sabiduría artística, instrucción rigurosa o atracción innata, que no me define como una mera conversación de las necesidades o virtudes humanas, ni tampoco representaciones de realidades ajenas a mí, así como de ningún modo son creencias encubiertas, son ideas completamente alejadas de los saberes fantásticos e intelectuales de los que me voy empapando en mi juventud, mi obra está libre de todo eso; son comunidades de figuras en mi disgusto habitual, hechos íntimos y vicios incontrolables, en ocasiones retratos de un significado insuperable, pero sobre todo, demostración que solo me son útiles a mí, y, por lo tanto, muchas veces inventadas. De esa forma se dirá que mis imágenes son una historia tras de sí: una historia que no es una mera crónica, ni mucho menos un documento histórico, ni una acumulación basada en alguna idea. Son días simples, contados y sin ningún orden y sin ninguna correlación, lo que los vuelve soberanos de sí mismo y de los cuales yo soy su subordinado que solamente explora las posibilidades creativas de mis potencialidades y limitaciones. Mi arte es una cosa horrible e íntima y desde el trasfondo de lo que sabemos de ella, asoman indicios demoniacos y perversos que la hacen a veces mil veces más odiosa.

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